Sega Saturn: odisea antes de Navidad

Saturn logo navideño

Hoy, 23 de diciembre, “celebro” desde hace muchos años algo que para la mayor parte de vosotros será algo banal, absurdo. Pero creo que, una vez hayáis leído este post, comprenderéis al menos en parte el por qué del guardar tan grato recuerdo. ¿Y qué puede ser tan importante como para marcar dicha fecha en el calendario? Pues, aunque os parezca increíble, la compra de una consola. En concreto la Saturn de Sega, y hoy os voy a contar qué sucedió. Seguro que entonces encontraréis sentido no solo a mi vivencia, también al título que he utilizado para describirla…

Hace más de 25 años

23 de diciembre de 1995, para ser exactos. Justo ese día dábamos comienzo mi padre y yo nuestras vacaciones de Navidad pero la jornada comenzaría de una manera totalmente inesperada, tanto por la prontitud como por las circunstancias. A las 4 y media de la madrugada sonó el teléfono, despertándonos a todos. Mi madre fue la que atendió la llamada, descubriendo que era nuestro jefe. Mi padre se puso al aparato y, tras unos breves minutos, aceptó el encargo. En efecto, teníamos que acudir a hacer un último trabajo en el local que estábamos reformando.

Al final la faena requerida resultó no ser gran cosa, por lo que el jefe no consideró necesaria mi presencia. Pero, ya que estaba allí, tenía que ganarme ese último jornal y por ello me puso a limpiar los restos que otros trabajadores habían dejado el día anterior, principalmente plásticos, papeles, cartón y mucho serrín. A las 6 y algo habíamos terminado y, por fin, podíamos dar comienzo a las merecidas vacaciones. ¿O no?

Faltaba lo más importante (para mí, claro): la Saturn

Llevaba ya un tiempo detrás de ella, prácticamente desde que salió a la venta en julio de ese mismo año. Pero no sería hasta el mes de diciembre que me vería lo suficientemente solvente como para hacer semejante desembolso económico. Pero claro, todo esto era algo personal, y mis padres no sabían del tema. Por ello, cuando sugerí retrasar el viaje al pueblo para pasar previamente por la tienda para comprar la máquina, la primera reacción no fue la mejor, aunque tampoco la peor…

Dado que no iba a ser algo que llevara mucho tiempo, logré convencer a mi padre para que, poco antes de las 10 de la mañana, fuéramos a un “Toys ‘R’ Us” a por la Saturn. El más cercano se encontraba a varios kilómetros, por lo que se hizo necesario coger el coche para llegar allí. Todo parecía ir bien pero hubo un instante en el que, lo confieso, pensé que no conseguiría mi objetivo. Y es que, en un momento dado, cuando estábamos cerca de nuestro destino, mi padre me preguntó por el coste de la consola. Cuando respondí: “…60.000 pesetas”, os prometo que esperaba no solo una bronca sino que diera media vuelta y me dejara sin ella. Por fortuna, seguimos adelante.

Finalmente, llegamos a la tienda y no solo compramos la consola, también el clásico “Virtua Fighter” (casi 10.000 pesetas más) que se unía a otro título, “Street Fighter: The Movie”, adquirido previamente. Mi padre, hombre de mucho carácter, estaba seguro cabreado por tener que hacer todo aquello pero creo que también se alegró de verme feliz, con una sonrisa de oreja a oreja. Yo lo habría estado en su lugar…

Pero no todo había terminado aún

¿Pensabais que la compra de la Saturn supuso el fin de la historia? Nada más lejos de la realidad (por algo he llamado a esto una odisea). Regresamos a casa y, mientras mis padres terminaban de preparar el equipaje, yo me dediqué a probar la máquina y los juegos para asegurarme de que no habría problemas. Pero, curiosamente, estos llegaron antes incluso de poder hacerlo puesto que me encontré la desagradable sorpresa de que la Saturn venía con cable euroconector… pero la televisión no disponía de dicha conexión.

Y dado que no sabía en ese momento si la que teníamos en la casa del pueblo presentaría el mismo inconveniente, supe que la única solución pasaba por adquirir el cable RF o de antena. Tuve suerte de que aquello no ocurriera un domingo o me habría quedado con dos palmos de narices pero, afortunadamente, las tiendas estaban abiertas y, entre ellas, una de Centro Mail que se encontraba no muy lejos de casa.

Decidí ir lo más deprisa que pudiera. Sin embargo, antes necesitaba el dinero y no fue nada fácil, tras semejante gasto, hacer que me dieran un “extra”. Siempre recordaré por ello la cara de mi padre y sus palabras cuando le dije que me hacía falta dicho cable, cuyo precio era de 5.000 pesetas. A regañadientes sacó un billete y me lo entregó, y no me dio de propina una buena patada en el trasero no sé si por qué no quiso o porque salí tan deprisa que no le di tiempo a ello…

El final feliz: disfrutando a tope de mi Saturn

Creo que muy pocas veces en mi vida he corrido tanto, pero mereció la pena. Sudando, y casi sin aliento, volví y pude probar al fin la Saturn y los dos juegos que tenía para ella. Todo iba perfecto de modo que, ya listos para salir, cogimos el coche y nos fuimos a pasar unos días junto a la familia, momentos que sin duda disfruté mucho pero no tanto como el jugar con mi nueva consola. A este respecto puedo afirmar que es muy cierto eso de que siempre se le coge más cariño y aprecio a aquello por lo que tienes que luchar y, como habéis podido comprobar, yo tuve que sufrir lo mío en este caso.

Esta aventura, unida a la gran cantidad de títulos que fueron llegando con el tiempo (y muy especialmente las al menos para mí geniales conversiones de las recreativas de Sega), han hecho que la Saturn sea para mí la mejor consola de cuantas he tenido a lo largo de mi vida. Mi vínculo emocional con esta máquina y sus juegos es sumamente fuerte, y nada posterior ha podido ni podrá borrarlo nunca.

Por todo esto es por lo que sigo viendo el 23 de diciembre como una fecha digna de recordar, la de la efeméride de una gran aventura. Nunca, ni antes ni después, me he visto en una tesitura igual, ni siquiera parecida. Creo que solo aquellos que hayan pasado por algo así para llegar a tener en sus manos lo que tanto ansiaban serán capaces de entender mi emoción. Espero que os haya gustado esta vivencia que hoy, en un nuevo aniversario, he querido volver a recordar y compartir con todos vosotros.

Deporte, videojuegos, blogs y mucha nostalgia (tal vez demasiada)...

6 thoughts on “Sega Saturn: odisea antes de Navidad

  1. Bonita historia, es una de esas consolas que en su época fue muy mal tratada y que realmente tenia potencial, no he jugado a nada de ella, pero gente como tu que la tiene están muy pero que muy contentos con ella, que la disfrutes mucho y feliz navidad.

    1. Sí, por desgracia no tuvo todo el cariño que merecía y con todo fue la que mejor aguantó el “huracán Playstation”. Aun así, yo lo tenía muy claro entonces y si tuviera que elegir sabiendo lo que dio cada una volvería a decantarme por la máquina de Sega sin dudarlo.

      Gracias, como siempre, por pasarte y comentar, Locomosxca. Saludos y feliz Navidad.

  2. Como ya te he comentado esta mañana, me ha encantado la historia, Emilio.

    En algunos momentos me he sentido identificado porque mi padre es un poco como el tuyo en lo que has descrito, con los años se ha reblandecido un poco, pero de más joven era implacable y con la cara lo decía todo XD

    En mi caso, la historia es un poco diferente y la descubrí años más tarde, pero también tiene su miga. Yo la pedí para Reyes, creo que fueron los Reyes del 97, es decir, había pasado poco más de un año de su salida. Hasta entonces yo siempre había jugado en el ordenador de mi padre (a esa edad, jugando a Duke Nukem explica muchas cosas de como me he quedado xD), y la única consola que había tocado había sido la Game and Watch que también era de mi padre. Todo lo que conocía de Super Nintendo y Mega Drive había sido a base de mendigar en casa de mis amigos donde viciabamos hasta la extenuación XD fue por tanto mi primera consola propia.

    La verdad que fue un día de Reyes MÁGICO y estuve super feliz. Pero el quid de la cuestión no es ese, la clave del asunto es que unos años más tarde mis padres me confesaron que cuando fueron a comprarla vieron la, aún por aquél entonces, desconocida Play Station y decidieron preguntar. Por suerte para mí, debieron dar con un Seguero de pura cepa que les aconsejó que se llevasen la Saturn. Aquel momento pudo cambiar mi historia para siempre y siempre estaré agradecido a ese desconocido que apostó fuertemente por Saturn XD

    Para mí siempre será LA consola, y ver que en tu caso también fue especial me ha hecho muchísima ilusión.

    Un saludo Emilio!

    1. Era tu destino tener Saturn y no PlayStation, de ahí que esa persona fuera clave. Es curioso como en el momento no pero luego, con el tiempo, nos damos cuenta de lo hilado que está todo. Quizá no seamos tan libres como nos creemos pero si no serlo conlleva disfrutar como disfrutamos de aquello que tanto nos gusta pues oye, yo prefiero seguir “esclavizado”, jajaja…

      Una historia la tuya que, por lo que ha implicado, es normal como en mi caso que la recuerdes con mucho cariño. Gracias como siempre te digo por pasarte y compartir tus experiencias, Suso. Saludos y, aunque posiblemente ya te lo haya dicho, feliz Navidad.

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