La paciencia por bandera

Lección de paciencia: Ghost & Goblins

Como bien sabéis, llevo mucho tiempo en esto de los videojuegos (prácticamente toda mi vida, pues empecé muy joven). Durante este periodo he presenciado numerosos cambios, sobre todo a nivel técnico, pero también en la forma de consumo y disfrute de los juegos. Hoy, en este post y gracias al último artículo publicado por el compañero Arald (@SaveGame16) en su blog, quiero hablaros de esto último haciendo un repaso al enfoque que tanto productos como usuarios han ido adquiriendo con el paso de los años…

La actual concepción del videojuego

Lo normal sería empezar por el principio pero, en esta ocasión, haremos el camino a la inversa hablando en primer lugar de lo que tenemos actualmente. Por decirlo de una manera resumida podemos afirmar que, en lo que se refiere a grandes producciones, tenemos títulos de duración extensa, con mucho contenido adicional (sea o no de relleno) y en ocasiones, como critica Arald en su texto, una dificultad no apta para todo el mundo, especialmente si se carece no solo de habilidad sino de tiempo.

Por supuesto, no todos los juegos siguen estas directrices pero lo habitual es que presenten una historia más o menos compleja, que se desarrolla a medida que se van superando los retos que los desarrolladores han preparado con la posibilidad de guardar el progreso en cualquier momento o, al menos, en puntos concretos. Esto permite al usuario ir avanzando a su propio ritmo hasta el final.

Lo que se empieza, se ha de terminar como sea

El quid de la cuestión es que, para bien y para mal, quienes disfrutamos de los videojuegos anhelamos acabar siempre aquello que hemos empezado. Dicho de otro modo, si adquirimos un juego no es para dejarlo a medias. Queremos aprovecharlo bien, llegar al final de la historia y, si es posible, desbloquear hasta el último de sus secretos.

Es normal que así sea, puesto que para eso invertimos nuestro dinero en ello. Pero creo que también hemos perdido algo que, antaño, sí teníamos o al menos desarrollábamos más que ahora: la paciencia. No son pocos los que calculan el tiempo que lleva terminar determinado título para fechar el momento en el que pasarán al siguiente sin pararse a pensar que pueden atascarse en uno o varios puntos y, cuando esto ocurre, llega la frustración. Quizá sería más inteligente no hacer cábalas y dedicarse a jugar al juego en cuestión sin pensar en el momento de su finalización.

Cuando llegar al final era realmente difícil

Eso es algo que muchos de quienes conocimos y disfrutamos esta afición en los 80 y los 90 aprendimos bien, si bien no todos lo siguen poniendo en práctica. Es cierto que los juegos de entonces eran mucho más cortos por lo que, para que durasen, contaban a menudo con una dificultad sumamente elevada, no solo ya en los retos a pasar sino por la imposibilidad de guardar el progreso. Pero ello no nos echaba atrás y siempre volvíamos a intentarlo. Al final nos aprendíamos los diferentes patrones y conseguíamos avanzar sin ayuda alguna, solo mediante nuestra destreza, memoria y, en ocasiones, algo de buena fortuna.

Yo sigo, a día de hoy, jugando a títulos antiguos. Ahora mismo ando entre la PlayStation 4, con cierta irregularidad eso sí, y algunos clásicos tanto en arcade como en Amstrad CPC (ambos mediante emulación). Y no solo estoy con aquellos títulos que conozco bien y domino, también con cosas “nuevas” que nunca antes había probado, con lo que me enfrento a retos que debo aprender a sortear, lo cual requiere habilidad, tiempo, un poco de suerte y, naturalmente, bastante paciencia

La paciencia, una lección para todos

No estoy diciendo que debamos regresar a ese tipo de material (aunque tampoco sería malo del todo). No, a lo que me refiero es a que deberíamos aprender a tomarnos las cosas con más tranquilidad. Esto no está reñido con el tema de la dificultad, que es lo que mi compañero trata en su post. No obstante, es evidente que un reto más sencillo y, por tanto, superable en menos tiempo, predispone a buscar lo mismo en todos los juegos. Es decir, si nos acostumbramos a jugar en un nivel bajo escudándonos en una falta de tiempo que no pocas veces será más bien de habilidad y, sobre todo, de paciencia, luego será muy fácil que no queramos afrontar retos más complicados.

Por ello, cuando no hay alternativa, la gente se cabrea porque quieren disfrutar de ese título que les gusta pero no pueden porque saben o como poco intuyen que no van a terminarlo. Sin embargo, seguro que no son pocos los que se han quedado así a lo largo de nuestra vida como jugadores sin que ello nos afectara lo más mínimo, así que tal vez no habría que obsesionarse tanto con completar los juegos o, por lo menos, en hacerlo rápido porque se tenga más material “en espera” o por cualquier otro motivo, que tiempo hay para (casi) todo, aunque no lo parezca.

Aprendiendo del pasado

Por supuesto, no estoy en contra de facilitar un poco la tarea a aquellos que no tengan la destreza necesaria o, simplemente, quieren disfrutar de la historia sin que ello implique demasiado esfuerzo. Pero cabe recordar que hubo una época en la que las cosas fueron muy distintas y también entonces se carecía de tiempo, ya fuera por obligaciones académicas o laborales. A pesar de todo continuábamos jugando, volviendo a comenzar las veces que hiciera falta hasta lograr superar ese punto en el que nos habíamos atascado. Y si al final no era posible pues nos poníamos con otro juego y ahí quedaba marcado nuestro límite en el anterior.

No pasa nada por no acabar lo que se empezó, sea cuál sea la razón que nos impide lograrlo. Hay que recordar que estamos hablando de una afición, de algo nacido para entretener, hacer pasar un buen rato. Por eso no me cansaré de recomendar el ejercicio de la paciencia, una de las mayores virtudes que podemos desarrollar como personas y para ello los videojuegos son una excelente herramienta. Hay que aprender a adaptarse a las circunstancias incluso cuando no son como desearíamos que fueran. Lo que importa es disfrutar y, si no se consigue de una manera, habrá que buscar otra porque, aunque sea lentamente, paso a paso se acaba llegando a cualquier parte si se tiene paciencia suficiente.

Deporte, videojuegos, blogs y mucha nostalgia (tal vez demasiada)...

12 thoughts on “La paciencia por bandera

  1. ¡Genial el artículo Emilio! Suscribo lo que comentas y por alusión he de decir que no me vendría mal tampoco un poco de dosis de paciencia porque a veces me dejo llevar un poco por la presión de las redes sociales a la hora de consumir nuevos videojuegos (En su día me queje de esto pero es una sensación que creo que hay que aprender a lidiar XD).

    En mi caso si bien es cierto que la remesa de videojuegos que comentas en los que la dificultad era para sumar duración la viví muy de joven cuando a penas tenía responsabilidades y por tanto no me importaba pasar horas y horas delante del monitor para avanzar en una determinada fase o derrotar un determinado jefe. No obstante hoy en día, más que cuestión de tiempo, aunque no negaré que también influye, es una cuestión de cansancio y estrés. Hoy en día me gusta jugar a los videojuegos de una forma tranquila y sosegada sin calentarme demasiado la cabeza, sentir que voy progresando sin hacer un sobreesfuerzo que tanto a nivel físico y psicológico se me haría una montaña difícil de escalar. Por este motivo últimamente me siento tan bien jugando a “peli-juegos”, un estilo de videojeugo que nunca antes me había llamado la atención. Me gustan la dificultad y el reto, pero cuando mis condiciones personales me permiten esforzarme en ello. De todos modos esto es mi punto de vista que y otra forma más de las miles que hay de disfrutar esta afición.

    De nuevo enhorabuena por la entrada, me ha gustado mucho y me ha hecho reflexionar sobre cómo debería tomarme muchas cosas respecto a mis aficiones, no solo los videojeugos.

    Un saludo. Es un placer leerte Emilio ¡Nos leemos!

    1. Me alegra que te haya gustado porque fuiste tú el que me llevó a crear este artículo. Y tienes mucha razón en lo que mencionas sobre la presión, algo que también le comenté a Spiegel en su último post. Y es que hay un sector de la “comunidad” que trata de imponer sus criterios, sus dogmas, y decidir cómo tenemos los demás que disfrutar de lo que nos gusta. Pero no hemos de dejarnos influir por lo que digan, que para eso tenemos nuestro propio criterio y, por supuesto, circunstancias personales que influyen en cómo encaramos las diversas tareas que nos proponemos. Resumiendo, que hay casi tantas formas de jugar a videojuegos como personas haciéndolo, y no hay que hacer caso de quienes tratar de imponer la suya al resto.

      Pero sí, además de lo dicho al principio, este pequeño texto sirve para la reflexión más allá de la propia temática del blog, creo que puedo sentirme sin duda alguna sumamente satisfecho con ello y más animado que nunca a continuar. Gracias, Arald, por pasarte y compartir tus experiencias y opiniones a este respecto. Saludos.

  2. ¡Buen artículo! Es cierto que cuando niño con suerte pillaba 1 o 2 juegos al año para mí NES y era lo único que había, así que no me quedaba otra que intentarlo una y otra y otra vez. Eso sí, gracias a su dificultad, podían pasar varios años hasta que conseguía acabar un juego.

    Hoy me compro varios juegos al mes (indies sobre todo) y me los termino mucho más rápido, y el consumo en general es más rápido y tengo más juegos de los que me puedo acabar.

    Yo creo que lo bueno es que la oferta sea muy amplia, y que cada cual elija su tipo de juegos. Que haya indies cortitos pero difíciles e intensos al más puro estilo arcade, y que haya triple AAA que sean larguísimos y llenos de contenido pero más fáciles.

    Según el tiempo del que dispongas puedes tirar por un estilo u otro, al fin y al cabo en el término medio está la medida de las cosas.

    Yo suelo llevar un juego largo para largas sesiones de juego a la vez que dos o tres juegos cortos para partidas rápidas, y según me apetezca los voy alternando.

    ¡Un saludo!

    1. Son tiempos diferentes y el consumo es también distinto. No es malo que la oferta sea grande, si bien opino que a causa de la “democratización” del desarrollo de juegos, es decir, de lo sencillo que es hacerlos y publicarlos en comparación a hace unos años, también se nos ha colado mucha morralla pero en el usuario está saber elegir con criterio aunque rebuscar sea un poco más complicado en ocasiones.

      Pero al final lo que cuenta es disfrutar de esta afición y cada uno lo hace a su modo. Los hay que gustan de tener bastante material y los que con poco se apañan, y una forma no es mejor que la otra. Todo depende como dices del tiempo y las ganas que cada uno quiera o pueda poner.

      Gracias una vez más Empepinao86 por pasarte por mi blog y compartir tu opinión. Saludos.

  3. Gran post, Emilio!
    Como ya han comentado Empepinao 86 y Arald, yo también empecé con este hobby hace ya 32 años, y entre que era un mico de niño con 0 responsabilidades, podía jugar más. Tuve suerte y como sacaba buenas notas con nada de esfuerzo, a mis padres no les importaba que jugará bastante los findes. Así que podía ensayar y repetir hasta la saciedad. Otro factor es el que con suerte tenía 3 juegos al año (reyes, cumple y notas, aunque solían ser 2, ya que he sido de jugar mucho en la calle o en casa con juguetes).
    Decir que también que aparte de la edad, era otra época, éramos más pacientes. No hay más que ver que ahora va todo dios con prisas por el mundo, y nos faltan horas para hacer todo.
    Creo que como muchos de nuestra época, alterno los juegos largos de nuevas generaciones con arcades o juegos de la era 8-16 bits. Y si en vez de pasármelos en 20 horas tardo 30, pues esas horas que disfruto de más 😊

    1. Igual que yo. De hecho, aunque comencé en los salones recreativos, hasta años más tarde no tuve mi primer sistema doméstico y, a pesar de la novedad que supuso, nunca dejé de salir a la calle ni jugar como tú con mis juguetes (a los que, dicho sea de paso, todavía a mis años sigo guardando cariño).

      Y sí, eran otros tiempos, mucho más relajados, menos acelerados que los de hoy, en los que queremos abarcar todo lo que se nos ofrece y hacerlo además lo más rápido posible. Y así andan muchos, con un estrés brutal de aquí te espero, enojados y, lo que es peor, zombificados porque apenas se detienen a pensar y reflexionar sobre sus propios actos y cuanto les rodea. Pero bueno, ese es otro asunto del que se podría hablar mucho pero que está un poco fuera de lo que es este blog.

      Al final, como siempre digo, lo que cuenta es disfrutar pero si se puede hacer con paciencia y sin prisas, tanto mejor. Gracias Retromostoles por pasarte por el blog y compartir tu experiencia. Saludos.

  4. Me ha encantado el artículo y es una verdad como un templo. La paciencia no es algo que profesamos todos y muchos juegos de nuestra época contenían lo llamado como “Dificultad artificial” lo que nos brindaba más complicación para nuestra habilidad. Como por ejemplo los Respawns de Ninja Gaiden. Esto provocaba, como muy bien sabes, la extensión del tiempo de juego hasta memorizar el patrón correcto.
    Pues a ver si algún día nos vamos pescar un rato!!!
    Hasta la próxima.

    1. Muchos juegos, la inmensa mayoría diría yo, se basaban en aprenderse el patrón (enemigos, saltos, obstáculos, etc), pero no te lo ponían nada fácil para avanzar. Lo conseguíamos a base de prueba y error, en un ejercicio de paciencia y, también, de tenacidad o tozudez que a día de hoy es impensable pero, ¿y lo bien que nos lo pasábamos?

      Gracias, Cyborg, como siempre por pasarte y comentar. Ah, y en cuanto a lo de pescar… como no sea un catarro… jajajaja.

  5. Primero de todo, decir que me ha encantado el post. Me ha recordado a uno que escribí yo hace unos años titulado “Hemos perdido el afán aventurero”, que se centraba en las aventuras gráficas, pero obviamente con un enfoque diferente. Y es que como bien dices, el ritmo que llevamos actualmente invita a todo menos a la paciencia. Al menos en el caso de muchos, yo sigo con mi paciencia infinita y mi ausencia de prisas. Disfruto más así, saboreando cada minuto que puedo tener un mando entre manos. ¿Se me acumulan los juegos? No lo sabes tu bien, pero me da lo mismo, están ahí, no se van a ir, ya tendré tiempo de jugarlos.

    Se tiene poca paciencia en general, la gente lo quiere todo fácil y rápido, pero no solo en los videojuegos sino en muchos ámbitos de la vida, y eso a fin de cuentas bueno no es. En mi opinión termina creando monstruos consentidos que a la mínima que no se salen con la suya montan el espectáculo. Hay que ser un poco más paciente, en los videojuegos y en todo en general.

    Genial artículo Emilio, de verdad que me ha encantado.

    1. Ese es sin duda uno de los grandes males de estos tiempos que yo he asociado en este post con los videojuegos por ser la temática del blog pero que, obviamente, afecta a todo lo que hacemos en la vida. Y lo peor es que, en mi opinión, genera además un círculo vicioso. Me explico: a raíz de una mayor oferta se genera al tiempo una mayor demanda, y ambas se retroalimentan una a la otra. Es decir, se lanzan en este caso un montón de juegos pero la gente todavía quiere más. Esto hace que las compañías corran para atender esa demanda, a menudo no en las mejores condiciones. Y tiene que ser así porque hay que satisfacer al usuario, pero este consume vorazmente lo que se le da y vuelve a “sentir hambre”, pidiendo más entregas. Al final, lo que debía ser un pasatiempo se convierte en una carrera frenética que solo terminará cuando uno de los dos se canse o “se la pegue”…

      Esto no es sostenible y algún día, espero no obstante que no muy pronto, veremos las fatales consecuencias. Gracias, como siempre te digo, por pasarte por mi blog y dejar tu opinión, Suso. Saludos.

  6. Al final me ha salido un tocho de comentario. Lo siento, chatos. Tengo tendencia a enrollarme como el abuelo Cebolleta.

    Nací el mismo año que los videojuegos arcade tal como los conocemos, cuando esos señores de la Uni de Stanford idearon aquella aparatosa máquina llamada “Galaxy Game”, de modo que puedo decir que he visto a los videojuegos nacer, crecer, madurar, envejecer y reinventarse a la par que yo.

    Hay tantos factores que explican cómo han cambiado los videojuegos y la manera de jugarlos…

    En primer lugar, como dices en el artículo, está la figura del jugador casual que no quiere complicarse la vida: jugar un rato, guardar y, si el tiempo y las autoridades se lo permiten, mañana viciarse otro ratejo a ver si puede desbloquear el puto Ferrari. Si no, no pasa nada, el progreso está guardado y ese Ferrari lleva tu nombre. Eso es tan cosa de la edad como de la situación vital y económica de cada uno. Es decir, que no es lo mismo ser un feliz mancebo cuya única obligación es aprobar asignaturas (aunque sea para salvar los muebles) que el papá de este galifardeu, que debe trabajar sus ocho (jajaja) horas para pagar esas notas, tanto al alumno como al maestro, entre otro follón de cosas que me deprime pensar. Asalta una incómoda sensación de culpabilidad al pater familias que malgasta su escaso tiempo de ocio en repetir una y otra vez el progreso obtenido en su amado y maldecido “Rick Dangerous” para acaso, y como mucho, avanzar un par de pantallas.

    Lo malo es que si bien es normal que Papá Paganini tenga un tiempo limitadísimo que le fuerce a preferir resultados rápidos y/o satisfactorios a corto plazo, esta actitud se ha enquistado también en los jóvenes. Y esto es un asunto social. El mundo acelera. Gira sobre su eje a la misma velocidad, una hora sigue teniendo sesenta minutos pero el rendimiento que se les da sabe a poco, de modo que entre exigencias y autoexigencias pedimos a nuestros dispositivos que nos organicen la agenda. Paradójicamente, los mismos dispositivos con los que jugamos se preocupan de que no tengamos tiempo para jugar.

    También hay una cuestión de oferta y demanda. El videojuego es uno de esos ámbitos en los que a más oferta, más demanda. En el poco tiempo que tenemos pretendemos sumergirnos en todos los juegos, indies o mainstream, y todo lo que conseguimos es apenas revolotear sobre la superficie de este proceloso maremágnum de entretenimiento.

    ¡Y la presión! como bien dices, hay como una obsesión en que uno de los puntos valorables de un juego sea su duración. Es como si pagásemos un producto en base a las horas de juego que nos otorgue (otra vez esta gestión del tiempo del SXXI), y valorar este aspecto me parece superficial y hasta (con permiso) anti-artístico. Para mí, por encima de todo, valoro la rejugabilidad. Ese es para mí el quid. Solo hace falta darse una vuelta por las valoraciones de Steam para ver cuántos usuarios hacen mención a la duración del juego. “Está bien pero me lo he pasado en dos horas”. Eso quizá tú. Qué crack. ¿Quieres tu insignia, boy scout?
    ¿Qué pensará cualquiera de estos esclavos del tiempo cuando digo que estuve meses y meses viciado (y pagando) al “Mario Bros” y hasta que no me salió el K.O. en las banderitas no paré? Tras esto, la motivación decreció al haber alcanzado el objetivo. Pero el caso es que estuve meses luchando contra un juego que, en su simpleza, te enredaba como un trilero de la Rambla.

    Y por supuesto está el tema económico. Tenemos Steam lleno de juegos que valen lo que un bocata. Otros más caros, quizá lo que un entrecôte. Juegos que pueden darte tu preciada dopamina durante un tiempo razonable y ¡coño! que algunos son Obras Maestras.
    Pero ¿qué pasaba cuando éramos chicos? Primero fue echar monedas como el que echa migas a las palomas. Hala. A discreción. Hasta que Papá Paganini te decía que te fueras a pedir al metro. Entonces no quedaba otra que buscarse la vida. había muchas técnicas, unas más honrosas que otras:

    – Ser el “personal shopper” de mamá. Ir a la tienda y quedarse dos duros del cambio.
    – Administrar los recursos. Comer menos petazetas y bangbangs y ahorrarse otro par de duros.
    – Irse a otro barrio y hacerse el niño perdido. “Señora, ¿no tendrá usted un duro para llamar a mi padre?”
    – Ir al trapero a vender botellas de cava. Las pagaban de puta madre. En los bares del barrio nos las guardaban y los lunes andábamos por casa de las vecinas a ver si habían tomado champán (antes era champán) el domingo.

    Y finalmente… ¡Tachán! Los sistemas domésticos. En 1985 tuve mi Amstrad. Mi amor adolescente con permiso de Tinita Sobrevías (¿sigues estando tan buena?). Al menos mi Amstrad me hacía caso.
    Mi padre me sufragó el cacharro porque como los críos también éramos un poco trileros, le juré sobre La Biblia y un Mortadelo que era para estudiar Basic. Si todos los que dijeron a sus padres que el ordenador iba a ser para estudiar programación, hoy en día habría un Silicon Valley en cada Comunidad Autónoma.
    lo que nadie le dijo a mi pater era el precio de los juegos. jaja. ¡De dos a tres mil pesetazas! Con eso comía la familia toda una semana. Tuve que rebajar los cigarricos (a los catorce años ya no se comían chuches), llevar muchas botellas al trapero… y lo del nene perdido ya no colaba.
    Y a veces, tras un mes ahorrando como una vieja rácana, te comprabas el juego y ¡mierda! no lo tirabas por el retrete porque lo atascabas.

    En fin, son otros tiempos. Aquellos no volverán así que siempre nos queda emular como condenaos y recuperar esa sensación de desafío que nos daban esos juegos en apariencia sencillos pero en realidad diseñados por sádicos.

    1. Impresionante, de veras, y lo digo sin segundas intenciones. Yo no sé si sería capaz de decir tanto en un comentario (de hecho creo que no lo hago en los propios posts) pero sí, estoy de acuerdo con lo que has narrado. La época, la gente, los hábitos, todo ha cambiado a lo largo de los años y si bien hemos ganado algunas cosas interesantes (aunque a menudo mal usadas), también hemos perdido otras. Entre ellas, el tiempo… y la paciencia. Por desgracia, la vorágine actual de consumo (oferta y demanda) va a hacer muy difícil que las aguas se tranquilicen.

      Al final cada uno lo llevará como buenamente pueda. Gracias, Le Grand Hill, por pasarte y compartir tus experiencias a este respecto. Saludos.

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