La experiencia de juego

Experiencia de juego: cabecera

Como sabéis, hace un par de días escribí en mi último artículo sobre las remasterizaciones pero hubo un detalle que no mencioné: la experiencia de juego. En este post quiero hablar de este aspecto, absolutamente subjetivo y por tanto complicado de transmitir, cuya interpretación puede variar en la práctica y en lo que entendemos por tal. Me dispongo por tanto a meterme de nuevo en un tema cuyo desarrollo y resolución no sea probablemente del gusto de todo el mundo…

Qué se entiende por experiencia de juego

Habitualmente se habla de ello en referencia a lo que transmite un determinado título en base a los diferentes apartados: técnico, jugable o narrativo, tanto por separado como en su conjunto. Por tanto, se presupone que si estos son buenos, la experiencia ha de serlo también. Pero dado que no siempre ocurre, hemos de preguntarnos si la experiencia de juego no será solo eso sino algo más o, posiblemente, algo muy diferente de lo que se nos ha dicho.

Porque una cosa es lo que se vive y otra muy distinta cómo se vive. Por eso no todos podemos hablar de una experiencia idéntica ante un mismo juego porque no habrá sido así. Quizá el resultado sea parecido pero, en sus matices, cada caso es único. Debemos pues darnos cuenta de que, cuando hablamos de experiencia de juego, lo hacemos siempre desde nuestro punto de vista, que puede o no coincidir en algunos aspectos con el de los demás…

Para una experiencia de juego completa: el factor emocional

Cuando experimentamos, lo que vivimos nos produce sensaciones y emociones diversas. Y dependiendo de cuáles sean estas y de su grado de intensidad, nuestra experiencia será una u otra. Es por tanto un factor sumamente importante (yo diría el que más) a la hora de, en este caso, hablar de experiencia de juego cuando nos ponemos a los mandos y nos sumergimos en las diferentes propuestas creadas para que las disfrutemos. De este modo, cada persona hará el viaje a su modo y el resultado siempre será distinto.

Y es así porque no a todos nos emocionan las mismas cosas. Nuestra sensibilidad ante determinados hechos que se narren en el juego o incluso su mera presentación audiovisual varía en cada persona. Luego nunca se debería hablar, ante un mismo titulo, de una experiencia de juego concreta. Algo en lo que los medios especializados insisten bastante y que demuestra que sus análisis solo valen para sí mismos puesto que en ellos está reflejada su experiencia… que nunca será la nuestra. Otra cosa son los datos objetivos como los diferentes modos de juego, qué se puede o no hacer, etc.

Los jóvenes nunca lo verán como lo hicimos nosotros

Esto es una realidad que parece que cuesta aceptar por lo mucho que observo a quienes tratan de convencer a otros apelando a la nostalgia. Sin embargo, el mundo de los videojuegos que conocimos no es el de hoy y la forma de aproximarse a él tampoco es la misma. No podemos esperar que alguien que no conoció en su momento aquello que otros tuvimos la fortuna de disfrutar lo vea de la misma forma, con el mismo entusiasmo e ilusión porque vive un tiempo diferente.

Un buen ejemplo de esto son las ya comentadas remasterizaciones. Quienes conocimos el producto original tenemos una visión que nunca tendrá alguien que nos lleve varias generaciones porque lo juzgará desde su contexto y, por lo habitual y a no ser que los cambios técnicos sean muchos y muy buenos, la nueva versión saldrá perdiendo en relación a lo que se considera bueno ahora. Y la original más aún.

Cierto es que no faltarán aquellos que sí sabrán verlo y opinarán en justa medida, desde un punto de vista sino más próximo sí más respetuoso porque son conscientes de su naturaleza. Pero incluso aquí hallaremos diferencias porque también la edad juega un papel fundamental a la hora de preservar experiencias pasadas.

Porque la experiencia también cambia con el tiempo

Y quien diga lo contrario miente, ya sea porque no quiere admitirlo o porque simplemente no se da cuenta de ello. Pero la realidad es que, por mucho que nos guste un título antiguo, jugarlo ahora supone una experiencia de juego distinta a la que tuvimos en su momento. Y esto sucede porque, obviamente, no somos los que fuimos entonces.

Lo mismo se puede decir de los juegos actuales, puesto que el impacto que producen no va a ser el mismo en una persona ya digamos curtida que en un joven, por lo general más impresionable. Puedo ponerme como ejemplo, y estoy seguro de que no soy el único, que al contemplar los avances técnicos de los últimos años no siente el mismo entusiasmo que vive alguien de menor edad. Eso no quiere decir que no me gusten pero mi forma de verlo es diferente y, por tanto, mi experiencia una vez pueda disfrutar de ello en un juego también lo será.

Hay que cambiar nuestro concepto de experiencia de juego

Porque no se debería continuar, como dije al principio, haciendo referencia a esto cuando se busca describir lo que un videojuego ofrece en materia de contenido. Ni siquiera apelar al lado emocional sería adecuado, ya que ha quedado clara la subjetividad que supone esto último. Lo que quiero decir es que hablar de experiencia de juego es mucho más complejo de lo que la inmensa mayoría de gente piensa y no habría que hacerlo ni en la forma ni en la medida en las que se emplea actualmente.

Espero que esta reflexión ayude a ser más críticos hacia quienes emplean este y otros conceptos que solo son posibles de analizar por uno mismo. Así, cuando alguien hable de una manera general de la experiencia de juego que ofrece tal título, recordad que en realidad os está dando la suya. Y esta, si bien tal vez podrá parecerse, nunca coincidirá plenamente con la vuestra.

Deporte, videojuegos, blogs y mucha nostalgia (tal vez demasiada)...

One thought on “La experiencia de juego

  1. La experiencia de juego ha sido, es, y será, algo muy personal y subjetivo. Como casi todo en la vida. Como bien apuntas, hay muchos factores que influyen en ella y, siendo como somos, cada uno de su padre y de su madre, esta varía según las circunstancias. El mismo juego que yo puedo haber vivido con muchísima intensidad, puede que a otro no le parezca para tanto.

    De todos modos, y como decimos siempre, al final lo importante es pasarlo bien, y que la experiencia, sea cual sea, resulte gratificante 🙂

    Buena reflexión Emilio. Un saludo.

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